Familia ADR

«La Mente de Cristo te permite planificar la reforma que tú generación demanda para calzar en la potestad de Dios(Hch 26:18)»

viernes, 28 de diciembre de 2018

PROVERBIO 28:28


Pr 28:28 Cuando los impíos toman el control se esconde el hombre; Mas cuando perecen, los justos se multiplican.

Impío significa en el original: ser culpable, cuantos líderes en las distintas esferas de la sociedad son culpables de algo. Abusan de la democracia y de las mentes laxas de la inmensa mayoría de la gente, que sabiendo que el político que postula es corrupto, insisten en votar por él. La sociedad está sumergida en una dimensión de estupor, cuyo entorno procrea hijos e hijas con las mismas deficiencias, disminución de las actividades intelectuales, no piensan, no hay reacción, son zombis. Tienen una manera de ser característico: siguen al resto, sin saber porqué; son personas con una mentalidad insignificante, porque ven lo malo y no se creen capaces de generar un cambio para bien; tienen miedo a la propia opinión, porque puede ser diferente que de la mayoría y temen perder trabajo, aprobación, una buena venta y amigos por eso; tienen una mente reprobada, no pueden distinguir entre lo bueno y lo malo, es una mente lisiada; son personas que mientras no se perturbe su estilo de vida, así el mundo a su alrededor se esté cayendo, no hacen nada.
Impío también significa una persona que habiendo hecho mal, vive en su maldad y a determinado seguir viviendo en su maldad. Son personas sin ley, que abusan de la ley para su propio beneficio.
Cuando ese tipo de personas toman el control, el hombre se esconde; se esconde su esperanza, su espectativa; el planeamiento y la proyección; vive el hoy pensando que no habrá herencia para los hijos, mañana.
Cuando ese tipo de gente perece, con su desaparición, nace nuestra oportunidad; de ocupar los vacíos de poder por gente calificada y preparada para las esferas de gobierno: políticos, diplomáticos, profesionales de la educación, profesionales de la construcción, profesionales de las ciencias sociales, profesionales de la ciencias históricas, profesionales de la cultura, profesionales del ambiente entre otros. Las congregaciones de hoy se preocupan por salvar el alma olvidando que salvar el alma también significa salvar el territorio donde esa alma habita. Cómo se puede salvar el territorio de las almas, es ocupando cargos de gobierno promulgando leyes que legislen a favor de los hijos de Dios.
Hay pastores que quieren meterse a la política, como cuando postularon de pastor sin ninguna educación bíblica, y ahora quieren ser políticos sin ninguna preparación política.
Si los diezmos y las ofrendas los consumen íntegramente en gastos operativos(costosos locales, luz, agua y sueldos) no queda nada para ayudar a la viuda al huérfano ni al necesitado, y ayudarlos no es sólo darles un plato de comida sino también llevarlos a buenos colegios y universidades, por lo menos los que tengan un coeficiente intelectual elevado que prometen un buen desempeño a futuro que le permita ocupar con el tiempo un cargo de poder.
Esa puede ser una de las maneras de como los justos se pueden multiplicar para legislar.

martes, 25 de diciembre de 2018

PROVERBIO 24:7


Pr 24:7 Alta está para el insensato la sabiduría; En la puerta no abrirá él su boca.

Insensato, en el original, es: alguien que la sabiduría no está a su alcance, porque la desprecia. Es alguien que cuando hace lo malo, se ríe de lo mal que hace. Es una persona contenciosa y todo intento de instruirlo, es inútil.
¿Conoces a alguien así?, dice además que en la puerta no abrirá su boca; puerta, antiguamente era el lugar a la entrada de la ciudad donde los sabios se reunían para decidir el destino de la comunidad, sólo gente sabía podía estar ahí.
Entonces surge una pregunta: ¿Qué es la sabiduría? y ¿cuál es la diferencia con la inteligencia?, puede ser que pensemos que son lo mismo.
Inteligencia es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y emplearla para resolver dudas o problemas, DRAE.
Y la sabiduría es la experiencia que surge de esta capacidad, y no se trata de cualquier práctica, sino la que produce pericia, criterio, sentido común y buen juicio. La sabiduría no está ligada necesariamente al paso de los años, sino a la calidad de como vives los años, lo que genera sabiduría. Todo sabio es inteligente, pero no todo el que es inteligente es sabio.
La inteligencia es amoral, puede ser usada para el bien como para el mal. La sabiduría en cambio busca los valores, la justicia; el discernimiento entre lo bueno y lo malo; lo verdadero y lo falso, no sólo da solución sino que busca la reflexión profunda, la experiencia meditada..
La inteligencia usa el conocimiento para solucionar, la sabiduría te dice Cómo y cuándo hacerlo con criterio y justicia. La inteligencia se guía por la lógica, es perfeccionista y muy poco flexible, no tolera la incertidumbre; la sabiduría va más allá, reacciona ante cualquier imprevisto y es optimista, da esperanza y confianza ante cualquier reto que la vida pueda sorprender.
La inteligencia considera lo bueno y lo malo, desde su perspectiva egoísta, desde lo que le parece; la sabiduría desde lo que es justo y moral, y toma en cuenta a los demás.
Concluimos que esta sabiduría, está fuera del alcance del insensato y que aspirar a ser más que inteligente, no es pedir mucho, sino que forma parte de nuestra madurez.
Recalco, para finalizar, lo siguiente: existe la sabiduría humana y la sabiduría que proviene de Dios.

viernes, 21 de diciembre de 2018

JUSTICIA DEL REINO DE DOS



Ir en pos de la justicia del Reino de Dios es también: inquirir profundamente de lo que hemos visto, en ÉL, y darse cuenta de la conexión, como una soldadura, de la forma de actuar en una misma actitud, como lo hizo Cristo, en rectitud y equidad.
Es ver, para después llevar a cabo la conducta de Cristo. No calcando sus actos, sino como producto final de la manufactura del patrón original en nosotros, Cristo. El método de Dios para manufacturarnos, consiste en la inauguración de un carácter y de una conducta que corresponda a la realidad del Espíritu de Dios, la de Cristo. Cargando los rasgos distintivos únicos en ÉL, contenidos en su naturaleza. Si bien es cierto sólo Él es capaz de accionar toda esa esencia, nosotros en cambio somos amorosamente invitados a participar juntamente con ÉL.